domingo, 10 de abril de 2011

Galbraith: la sabiduría de un viejo keynesiano que ya avisaba sobre la crisis financiera actual

   Recomiendo a todos los que quieran saber algo sobre la especulación financiera que lean el libro de John Kenneth Galbraith Breve Historia de la euforia financiera. Mi edición es de 1990 y fue publicada en Barcelona por la Editorial Ariel. El autor en apenas 140 páginas realiza, tras una interesante introducción de dos capítulos en la que se dibujan las líneas generales que subyacen bajo cualquier acontecimiento de especulación financiera, una brevísima historia de la euforia financiera en el capitalismo occidental desde el siglo XVII hasta los años 80 del siglo XX. En él podréis adquirir conceptos como "apalancamiento"
   El autor considera que las causas de las repeticiones clíclicas de cracs financieros ligados a la especulación se encuentran  en la mentalidad de aquellos que encarnan el capitalismo: son individuos (con ellos el sistema  y las instituciones públicas y privadas que encarnan) cortos de memoria que olvidan con facilidad los errores que se cometieron en el pasado; mitifican a los individuos que se enriquecen sin preguntarse si su fortuna proviene de la suerte o de la inteligencia, lo que les lleva a creer que cualquier acción emprendida por éstos tiene que enriquecer a cualquiera que siga su ejemplo; y por último la negativa a cuestionar el sistema que permite que se produzcan estas situaciones, por lo tanto no se establecen cortafuegos que impidan repeticiones catastróficas o se reforma en profundidad el sistema capitalista.
   A continuación os pongo algunas líneas que me parecen tremendamente interesantes y que pueden ser aplicadas tanto a las "subprimes" creadas e impulsadas por Wall Street como a la "burbuja inmobiliaria" impulsada y mantenidas por los bancos y cajas españoles con la complicidad de los distintos gobiernos.
  <<Hay otros dos factores que contribuyen a esa euforia y la sostienen, y que han sido escasamente valorados en nuestro tiempo o en época pasadas. El primero de dichos factores es la extrema fragilidad de la memoria en asuntos financieros. En consecuencia, el desastre se olvida rápidamente. Así pues, cuando vuelven a darse las mismas circunstancias u otras muy parecidas, a veces con pocos años de diferencia, aquéllas son saludadas por una nueva generación, a menudo plena de juventud y siempre con una enorme confianza en sí misma, como un descubrimiento innovador en el mundo financiero y, más ampliamente, en el económico. Debe haber pocos ámbitos de la actividad humana en los que la historia cuente tan poco como en el campo de las finanzas. La experiencia pasada, en la medida en que forma parte de la memoria de todos, es relegada a la condición de primitivo refugio para aquellos que carecen de la visión necesaria para apreciar las increíbles maravillas del presente.>>
   >>El segundo factor que contribuye a la euforia especuladora y al ineluctable colapso es la engañosa asociación de dinero e inteligencia. Mencionarla no es lo más adecuado para atraerse el aplauso de las personas respetables, pero por desgracia es menester aceptarla, pues esa aceptación resulta extremadamente útil y brinda una superior protección contra el desastre personal o empresarial.>>
   >>La situación básica es admirablemente clara. En toda actitud favorable a la libre empresa (otrora llamada capitalista) subyace una acusada tendencia a creer que cuanto más dinero, ingresos o bienes tiene un individuo o si está asociado a ellos, más profunda y más exigente es su percepción de los asuntos económicos y sociales, y más agudos y penetrantes sus procesos mentales. El dinero es la medida de toda realización capitalista. A más dinero, mayor es el logro y la inteligencia que lo apoya.>>
   >>Además, en un mundo en el que para muchos la adquisición de dinero resulta difícil, y las sumas a las que acceden son a todas luces insuficientes, la posesión de dinero en elevadas cantidades parece un milagro. Así pues, esa posesión debe asociarse a algún genio especial. Esta visión se ve reforzada por el aire de confianza en sí mismo y de autosatisfacción que acostumbra asumir la persona opulenta. En ningún caso queda tan ruda y abruptamente de manifiesto la inferioridad mental del lego como cuando le dicen: «Me temo que, sencillamente, usted no entiende de finanzas.» En realidad, semejante reverencialismo por la posesión de dinero indica una vez más la cortedad de la memoria, la ignorancia de la historia y la consecuente propensión, a la que acabo de referirme, a caer en el engaño tanto en la esfera personal como en la colectiva. Tener dinero puede significar, en el pasado y en el presente, que la persona se muestra neciamente insensible a los imperativos legales y, en los tiempos modernos, que acaso sea un potencial interno en una cárcel de mínima seguridad. O tal vez el dinero provenga de una herencia, y es notorio que la agudeza mental no se transmite de manera significativa del progenitor al vástago. En todas estas materias, un examen más cuidadoso del supuesto genio financiero, una interrogación rigurosa y detallada para probar su inteligencia, conduce a menudo, y tal vez en casi todos los casos, a una conclusión distinta. Desgraciadamente, el sujeto no suele prestarse a ese escrutinio. Por lo demás, fortuna y supuesta competencia en asuntos financieros acostumbran excluirse.>>
   >>Por último, y para más concretar, tendemos a asociar una inteligencia fuera de lo corriente con la dirección de las grandes instituciones financieras: bancos importantes, bancos de inversiones, seguros y agentes de bolsa. Cuanto mayor es el capital y más elevados los ingresos que se tienen, más profundo es el talento que se atribuye en materia financiera, económica y social.>>
   >>En la práctica, el individuo o individuos que se hallan al frente de aquellas instituciones a menudo están allí, como suele suceder en las grandes organizaciones, porque su talento luchador es el más predecible y, en consecuencia, el menos temible burocráticamente. Ésa o esas personas son, pues, investidas de la autoridad que estimula la aquiescencia de sus subordinados y el aplauso de sus acólitos, y que excluye la opinión adversa o la crítica. Así quedan admirablemente protegidas de lo que podría significar un compromiso serio que les condujera al error.>>
   >>Otro factor interviene en este punto. Aquellos que poseen dinero para prestarlo, por la fuerza de una arraigada costumbre, por tradición y, más en concreto, por las necesidades y deseos de los prestatarios, otorgan una especial importancia al trato deferente en su rutina diaria. Esta actitud se transmuta de inmediato en el ánimo del que recibe ese trato, en el reconocimiento de una superioridad mental: <<Si se me trata de esta manera es porque debo de ser inteligente>>. En consecuencia, corre peligro la autocrítica, que es el mayor apoyo al mínimo buen sentido.>> (páginas 27-30) (subrayado es mio)

   Este análisis se puede aplicar a los creadores de las "subprimes", a Madoff o algún que otro dirigente de las cajas de ahorro y bancos españoles. ¿Será posible que su ansia de ganar dinero desbocadamente y de actuar al tiempo en garantes de la ortodoxia económica se convierta en aquella tumba que decía Marx se cavaría la burguesía a sí misma? Esta crisis está mostrando el poder de los capitalistas y al tiempo también su cegadez y falta de memoria. En su ansia de hacer el defecto virtud y de aplastar a su gran rival institucional, la regulación estatal y supraestatal, pueden crear una situación que lleve a las sociedades desarrolladas y subdesarrolladas a buscar su control cuando no su aplastamiento. La cuestión es cómo. La Historia nos ha mostrado que las respuestas no se crean sino que aparecen cuando  menos lo esperamos y arramblan con todo. Los científicos sociales y políticos han vislumbrado o profetizado los problemas pero las soluciones se les resisten más. La línea entre reforma y revolución está en la capacidad de las clases dominantes para darse cuenta de que no debe tensarse demasiado la cuerda. Si actúan como señala Galbraith y parece que lo están haciendo puede llevar donde menos se lo esperan, a su canto de cisne (este último comentario es una extrapolación propia que no aparece en modo alguno en la obra de Galbraith).

sábado, 9 de abril de 2011

Capitalismo: poder sin contrapesos

   Por primera vez en más de doscientos años el capitalismo como sistema económico y social no tiene ningún tipo de sistema alternativo al que reemplazar o que le amenace. Es por ello que por lo que es capaz de imponer su poder a escala global, sin ofrecer ningún tipo de concesión a los menos favorecidos. La presente crisis ha mostrado hasta que punto es capaz de doblegar gobiernos y países sin apenas pestañear a pesar de que todo el mundo pensaba que había que reformar el sistema. Finalmente la crisis parece que lleva camino de destruir todo aquello que lo desafía incluso las heterodoxias surgidas dentro del sistema. Las bases de este análisis son:
  • La constatación de que no existen alternativas de fuste al sistema capitalista. El Antiguo Régimen fue finalmente barrido, el catolicismo social (si alguna vez fue una alternativa) no pasa de algunas críticas puntuales y el comunismo o se ha derrumbado o se ha sido domesticado e integrado.
  • Existen alternativas pero por el momento están marginadas o tienen un papel intermitente en el plano nacional o internacional: islamismo radical, comunismo marginal, ecologismo...
  • La incapacidad de los gobiernos de imponer regulaciones a los mercados financieros que actúan, a pesar de su responsabilidad en el estallido de la crisis (y en última instancia de su gestación), como guardianes de la estabilidad presupuestaria y del recorte de gasto.
  • La aspiración abierta a la limitación cuando no desmatelamiento del Estado del Bienestar.
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 Bolsa de Nueva York
  Karl Marx en su amplia produción científico-social estableció en  un amplio análisis empírico de corte materialista e historicista del capitalismo (materialismo histórico) que éste tenía como desenlace último su propia destrucción como resultado de sus contradicciones. Es evidente que a finales del siglo XIX su fin no se había producido lo que puso a los marxistas más ortodoxos de comienzos del siglo XX en el trance (en algún caso evitado de forma artificial) de tener que elegir entre una revolución bastarda que escapase de la teoría clásica marxista o una adaptación táctica al sistema democrático. Las crisis bélicas de las guerras mundiales y la Gran Depresión parecieron recuperar las líneas clásicas del marxismo en el que se profetizaba un fin inminente del capitalismo. Así los socialistas en las sociedades con más dificultades recuperaron o mantuvieron un tono más revolucionario.
    La Guerra Fría recuperó el dilema de principios del siglo XX. En este contexto la socialdemocracia o socialismo democrático (este último en mi opinión es el más adecuado) tuvo un éxito sin precedentes en la Europa Occidental de la segunda mitad del siglo XX. Incluso la democracia cristiana y la derecha conservadora confluyeron con ella recuperando y relanzando su faceta más social (los primeros) o desempolvando sus viejas estrategias sociales de contención (los segundos siguiendo el ejemplo de Bismarck).
   La ideología capitalista keynesiana de corte demandista les dio a todos un contexto teórico en que poner en marcha el Estado del Bienestar. Normalmente se considera que la puesta en marcha del Estado del Bienestar se encuentra en la Gran Depresión, algo que es acertado si no tenemos en cuenta los embriones de política social de algunos gobiernos europeos de comienzos del siglo XX. Sin embargo políticas de gasto y de corte social como el New Deal fueron actuaciones con grandes altibajos y sujetas a fuertes presiones externas. Sus efectos no fueron tan espectaculares como resultó ser las política de fomento bélico y control de la mano de obra del III Reich. El capitalismo norteamericano vivía en la más pura ortodoxia teórica y el europeo prefería planteamientos fascistas o cuanto menos autoritarios para frenar el avance socialcomunista. Fueron la Segunda Guerra Mundial (con la necesidad de generar una movilización total de recursos y proporcinar una justificación a los sacrificios de la población) y la amenaza comunista durante la Guerra Fría los que convencieron al capitalismo de ambas orillas del Atlántico de la necesidad de hacer las concesiones que favorecieron el éxito señalado en el párrafo anterior.
   La ortodoxia económica no daba frutos adecuados y la alternativa fascista y autoritaria, exitosa en un primer momento, había favorecido un avance comunista  sin precedentes durante la Segunda Guerra Mundial. Es por ello que en los estados más desarrollados, relegadas las opciones anteriormente señaladas al tercer mundo bajo la órbita capitalista, se optaron por una estrategia nueva: el fomento del Estado del Bienestar. El capitalismo no sólo servía para orientar y dirigir la economía productiva sino también podía garantizar a los ciudadanos un bienestar aceptable. La ortodoxia  y los planteamientos de darwinismo social (ley del más fuerte o si se prefiere del más rico) se mantuvieron aunque fueron relegados a algunos profesores de universidad marginados y a algunos contextos tremendamente conservadores (Deep America).
   La caída del comunismo soviético y la integración del chino en el sistema productivo capitalista mundial acabó con el principal contrapeso que había moderado las tendencias más darwinistas y selváticas del sistema capitalista. La inercia continuó durante un tiempo (habría que estudiarlo con cuidado). El mandato de Bush Junior marcó con claridad el cambio de tendencia. Ciertamente aunque ya existía una actitud antisocial en la derecha, por lo menos más exitosa que en las décadas anteriores, desde tiempos de Regan y Tacher sin embargo la confianza generada por diez años de crecimiento ininterrumpido hundió definitivamente cualquier tipo de contrapeso que podía haber sobrevivido al reganismo o la caída del comunismo. La ortodoxia y sus planteamientos desreguladores camparon a sus anchas creando el marco adecuado para la especulación financiera. La crisis actual lo ha puesto de manifiesto. Sin embargo, lo más interesante no es esto sino que el poder de los mercados es tan grande que una vez conseguido el ajuste financiero y la recapitalización propia tienen capacidad para exigir a los estados la disciplina financiera que ellos no han tenido. Plantean como opción, incluso, el desmantelamiento (parcial según defienden) del sistema del bienestar (educación, sanidad, pensiones...) si con ello se alcanzan los objetivos de estabilidad  presupuestaria.
    ¿Hay otros contrapesos a la vista que puedan controlar este caballo desbocado y poderoso que es el capitalismo? La respuesta es no. ¿Puede haberlos en el futuro? Sí. De los países pobres puede venir el anhelado contrapeso. Antes vino de Rusia y ahora puede venir del mundo árabe. Los gobiernos árabes de transición surgidos de las revoluciones del invierno del 2011 se encuentran en el mismo dilema de Kerensky  en el año 1917: dejarse arrastrar por un contexto internacional que no pueden controlar, contemporizando con los anteriores grupos dirigentes y prometiendo tímidas reformas futuras; o romper con todo lo anterior imponiendo reformas de calado lo que llevará a su marginación internacional. La opción más viable para ellos es la primera. La cuestión es si dicha decisión convencerá a sus pueblos o llegarán unos nuevos "bolcheviques" que encabecen un nuevo impulso revolucionario. El islamismo radical tiene todas las papeletas para jugar este papel. Una nueva guerra fría entre Occidente y el Islam puede proporcinar un nuevo contrapeso al capitalismo. Es cierto que elemento cultural y religioso puede atemperar su efecto en Occidente. Sin embargo no debemos olvidar que existen comunidades islámicas importantes  en Europa y Estados Unidos y que las clases bajas y medias bajas occidentales no están lo que se dice contentas con la situación actual. Sobre esta cuestión recomiendo leer el siguiente artículo de Ramón Muñoz en El País, en el que parte de un artículo del columnista de Wall Street Journal  Paul Farell: "Si los ricos no pagan impuestos se enfrentarán a una revolución"
   Otro contrapeso lo pueden respresentar en el futuro el ecologismo si es capaz de articular un discurso con gancho de acuerdo también el izquierdismo más igualitario y social. Sin embargo eso será el tema de otra entrada.