Caída del gobierno Conflicto armado Protestas / Cambios en el gobierno Protestas mayores Protestas menores Protestas en países islámicos fuera del Mundo ÁrabeFuente: es.wikipedia.org/wiki/Primavera_%C3%A1rabe
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Las experiencias revolucionarias han sido tan diferentes y variadas como lo son las estructuras sociales y políticas que las alumbraron: Túnez, Egipto, Libia, Marruecos, Jordania, Siria o Bahrein han vivido procesos en algunos casos radicalmente distintos. Una sociedad abierta al exterior como la tunecina parece que lleva camino de alumbrar una constitución y un régimen político de corte democrático occidental. La relativa homogeneidad social, religiosa y étnica (o tribal) tunecina constituye un entorno favorable a dicho desenlace. Ello no se podría repetir en sociedades como la siria, en la que el régimen dictatorial baazista de fuerte estética laica y modernizadora ha demostrado no ser más que la fachada de una élite étnica y religiosa, la alauí, para garantizar su hegemonía, y también su supervivencia, en una sociedad fuertemente fragmentada. La alianza opositora no ha hecho más que estrellarse contra la resistencia alauí (con fuerte apoyo exterior y una fuerte experiencia en el control del aparato estatal), dispuesta a luchar desesperadamente por su supervivencia, y con ello ha puesto en evidencia su incapacidad para derrocarla. Sus rencillas y sus conflictos internos alejan su victoria de su horizonte a marchas forzadas. Si el régimen de Al-Asad no consiguiera destruir en un medio o largo plazo a las fuerzas opositoras será porque ni Estados Unidos ni las potencias europeas se resignarán a reconocer el fracaso de su apuesta siria frente a Rusia e Irán. Si el desenlace libio no fue el mismo fue debido a la incapacidad del régimen gadafista para rentabilizar su tradicional apoyo tribal y exterior frente a una oposición que empezaba a fragmentarse.
Otros países aparentemente no se han visto afectados o lo han sido de forma muy limitada. Caso interesante es el de Argelia ya vacunada tras el fracaso democratizador de los noventa y la ofensiva islamista de los GIA (grupos islámicos armados). Igualmente interesantes son los casos de Jordania y Marruecos en el que sus monarquías oligárquico-constitucionales, que mantienen todavía un fuerte respaldo popular, han tenido que transigir y ceder para poder sobrevivir, manteniendo una apariencia de status quo inalterado. Probablemente habrá sido necesaria una ampliación de sus apoyos sociales y económicos aunque sin abandonar su funcionamiento elitista y oligárquico.
Arabia Saudí y las monarquías petroleras del Golfo Pérsico mantienen superestructuras políticas arcaicas gracias a su riqueza energética inteligentemente socializada. Aún así la presión mesocrática probablemente habrá sido fuerte y habrá obligado a estos regímenes a mantener una doble política represiva y a emprender un limitadísimo aperturismo; el palo y la zanahoria.
Todos los ejemplos anteriormente citados mantienen cierto paralelismo con los hechos revolucionarios de 1848. Aunque es preciso salvar las distancias temporales, culturales y estructurales sin embargo es útil metodológicamente establecer dicho paralelismo sin caer en el peligro de las extrapolaciones. Su puesta en paralelo puede enriquecer nuestro conocimiento de ambos procesos revolucionarios. Es más, puede ayudarnos a predecir, como dirían los economistas "ceteris paribus", las tendencias de los acontecimientos futuros. El Túnez actual recuerda a la Bélgica decimonónica; Jordania y Marruecos renuevan la experiencia de la Prusia de los Hohenzollern; Siria y sus guerras civiles actualizan el hervidero étnico-religioso de la Monarquía Habsbúrguica; y Arabia Saudí mantiene cierto paralelismo con la Rusia zarista que si apoya las alteraciones del status quo es por apoyar a hermanos religiosos y consolidar su papel político militar en la región (muy del estilo de las intervenciones rusas en el Imperio Otomano).
Caso aparte es el caso de Egipto. Guarda cierta identidad con la Francia de las "jornadas de febrero y junio". Como ella siempre ha ejercido un fuerte liderazgo sobre su entorno regional y su revolución se ha convertido en la piedra del toque definitiva para el desarrollo de la "Primavera árabe". Su democratización fue el ejemplo a seguir y la superación futura de sus divisiones político-religiosas representaba una esperanza de estabilización social y política como meta del proceso revolucionario. Sin embargo como en la Francia de la Segunda República las clases medias, que se habían unido a las masas empobrecidas para romper las barreras establecidas por las oxidadas élites nasseristas, incapaces de aceptar las demandas sociales, políticas y religiosas de los Hermanos Musulmanes, apoyaron el golpe de Estado y la posterior represión (del 3 de julio al 14 de agosto de 2013). Un replay de las "jornadas del 23, 24, 25 y 26 de junio de 1848" en las que Cavaignac liquidó violentamente la agitación socialista frente al nuevo gobierno conservador. Al presentarse a las elecciones egipcias de mayo, Al-Sisi está retomando los pasos del viejo Luis Napoleón Bonaparte sin abandonar la senda señalado por Cavaignac.
Partiendo del análisis anterior podemos preguntarnos: ¿cuál será el desenlace de la "Primavera árabe"? ¿se mantendrá el paralelismo con la "Primavera de los Pueblos" también en este punto? Personalmente creo que sí, tanto a corto como a medio plazo. No olvidemos que a finales de 1849 las revoluciones europeas del año anterior habían fracasado estrepitosamente. Sin embargo el terremoto había sido tan demoledor que veinte años después se había reiniciado el proceso liberalizador en Europa, siendo progreso constitucional muy sustancioso. Creo sinceramente que esta será la senda seguida por el mundo árabe aunque en una sociedad tan acelerada como la nuestra los tiempos se abreviarán bastante. Sí, habrá finalmente un cambio. Cuando ocurra será más un compromiso y una concesión de unas élites desesperadas por ampliar sus bases sociales y políticas que por la acción revolucionaria y terrorista de las masas. Sólo el derrumbamiento del Estado puede cambiar estas expectativas: aunque en ese caso nos encontraríamos el ejemplo de las revoluciones rusas.