Las investigaciones historiográficas que defienden la recuperación de la memoria histórica española del siglo XX, fundamentalmente la Guerra Civil y el Franquismo, son cada vez más abundantes en la producción editorial y en los trabajo doctorales. No es posible negar de ninguna de las maneras la carga ideológica que tienen. Es por ello que la motivación de su lectura va más allá de la mera curiosidad y del interés bibliográfico. Sus defensores chocan duramente con unos detractores que se esconden detrás de la tradición tardofranquista de olvidar y pasar página. Los intentos de crear una producción niveladora que recuperara el victimismo legitimador franquista no son más que una sombra incapaces de competir con sus antecesores más clásicos: Joaquín Arrarás, Ricardo de la Cierva, la martirología española de los cuarenta y cincuenta o la "Causa General".
Parece pues que a las investigaciones que defienden la recuperación de la memoria histórica durante la Guerra Civil y el Franquismo tienen un prometedor futuro a corto y medio plazo. Sin embargo desde mi punto de vista aparecen algunos nubarrones en el horizonte que pueden ponerlo en peligro. Los arrivistas ajenos a la disciplina historiográfica (algo muy común, para nuestra desgracia) o con un conocimiento supérfluo de la misma, que ven en la recuperación de la memoria histórica un medio para alcanzar nuevos méritos y para engrosar su currículo político, se han unido a una moda cuya trascendencia va más allá de la investigación histórica. En esta línea he podido leer desde hace algunos años algunas tesis doctorales dirigidas por algunos historiadores-políticos.
Ello no debería ser un problema en sí mismo. Nos debería dar igual las aspiraciones personales del historiador. De la misma manera que a nadie parece preocuparle que una investigación histórica sirva de trampolín para la consecución de una cátedra universitaria, a nadie le debería alterar que su autor consiga cierto renombre en un partido político defensor a ultranza de la recuperación de la memoria histórica. Sin embargo a nadie se le escapa que esta comparación es extremadamente ingenua y bienintecionada (en otras palabras, tonta). Un aspirante a catedrático debe probar su valía investigadora ante unos colegas dispuestos a velar por la seriedad de la disciplina (sí, ya lo sé, en esto también peco de ingenuo). Por desgracia los compañeros de partido un aspirante a político no suelen ser tan rigurosos. Así se pueden detectar en algunas monografías sobre represión franquista durante la Guerra Civil y la posguerra algunos fallos graves que pueden en el medio plazo dar al traste con la recuperación de la memoria histórica de quienes las sufrieron. Errores terminológicos o abuso de fuentes historiográficas sin una crítica adecuada o sin buscarle fuentes complementarias que las apoyen suele ser de lo más común. El abuso de las fuentes orales no utilizadas adecuadamente, por ejemplo, no solo restará credibilidad a un trabajo concreto sino también a todo su campo investigación. Proporcionará gratuitamente argumentos a sus detractores. Y todo ello sin entrar en cuestiones más profundas del trabajo científico de un historiador: la elaboración de hipótesis y la comprobación rigurosa de las mismas. Concluyendo, que el fin no puede nunca justificar los medios, de lo contrario nos arriesgamos a ceder la iniciativa a aquellos que desean cortarla de raíz.
Es por ello que, sin buscar una profundización excesiva, hago las siguientes propuestas metodológicas a aquellos que se arriesguen a surcar la procelosas aguas de la investigación histórica en general y de la recuperación de la memoria histórica del siglo XX en particular:
- Rigor en el uso de la terminología histórica. Trasladamos terminología actual propios de nuestra sociedad y política actual al pasado sin ningún empacho ni reparo. Debemos realizar una crítica seria y clara (conocida por el lector) para evitar extrapolaciones vergonzantes. En consonancia con tenemos que ser capaces de contestar coherentemente preguntas como estas: ¿Se puede aplicar a un anarquista combatiente en el frente de Aragón la etiqueta "defensor de la democracia"? ¿Qué etiquetas se aplicaría él a sí mismo y a su causa? ¿Nuestra concepción de la democracia sería igual que la suya si la tuviera? Si no tenemos cuidado nuestra investigación no guardará muchas diferencias con una tertulia televisiva o radiofónica.
- Crítica rigurosa de las fuentes historiográficas, sobre todo de las fuentes orales. Estas, en concreto, precisan una crítica compleja y necesitan el apoyo de otras fuentes para que sean creíbles. Sin la contrastación adecuada de nuestras fuentes siempre pueden aparecer otras que a contradigan y que hundan las conclusiones en ellas fundamentadas.
- Hay que intentar evitar una implicación excesiva y con ella las justificaciones de las acciones de unos para demostrar la malintencionalidad del otro. Comprender las causas no debe ser, bajo ningún concepto, justificar actos deplorables y condenables. Cualquier tufillo en ese sentido nos hará perder credibilidad científica de forma gratuita.
- Hay que intentar evitar el regusto de los historiadores amateurs por la crónica vacía sin un fin explicativo. Recordar es necesario pero no tendrá ningún valor sin un fin explicativo y comprensivo que amplíe y complete nuestro conocimiento sobre el tema investigado. Además, cuando se busca comprender y explicar se es más riguroso metodológicamente que cuando nos limitamos a contar hechos aislados. Por ejemplo con las fuentes.
- Finalmente, unido a lo anterior, es preciso trabajar con un plan de investigación fiable y riguroso. Sin temor de los resultados de la misma, sean cuales sean. Los resultados concretos adversos o sin el alcance esperado pueden llevarnos a sentir decepción por el tiempo perdido pero bajo ningún concepto tienen porque acabar con la causa de la recuperación de la memoria histórica española durante el siglo XX.
Supongo que alguno considerará que es una "perogrullada" lo que acabo de escribir. ¡Seguro! Sin embargo el deseo de algunas instituciones locales de colaborar con "la causa" y la proliferación de internet han dado demasiada cancha a unas producciones de baja calidad historiográfica. Si no lo denunciamos, caso a caso, corremos el riesgo de desvirtuar la recuperación de la memoria histórica durante el Franquismo y la Guerra Civil. Hay que denunciar casos concretos. Esta entrada, una "pica en Flandes", es sólo el comienzo. Creo que sin cuestionar sus fines deberíamos ir poniendo en evidencia las deficiencias de este tipo de investigaciones. En la historiografía los atajos nunca han llevado a ninguna parte.
| Mujeres suplicando a los soldados rebeldes por la vida de sus familiares prisioneros. Constantina (Sevilla), verano de 1936 (Fuente: es.wikipedia.org/wiki/Represi%C3%B3n_franquista). |
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